martes, 20 de noviembre de 2007

Trondheim-Oslo 2ª parte

Una vez en Oslo(07:00) y medio zombies de no haber dormido en toda la noche emprendimos la marcha en busca de nuestro hostal. Pues bien, lo encontramos enseguida, estaba bastante cerca de la estación de trenes.

Cuando llegamos a la puerta, estaba cerrado. Tocamos el timbre y nadie contestaba, esperamos un poco, y cuando creímos que nadie iba a abrir, se escuchó algo. Nos abrieron la puerta y empezamos a subir esas maravillosas escaleras de caracol del año... no sé, un año. Pues bueno, primero iba Andrés y luego yo, más rezagados iban Sesa y Alex. La primera impresión del hostal, me dio miedo, si, y es que a las siete de la mañana, con muuucho sueño encima, en la recepción del hostal, que nos atienda un tío más "empanao", recién levantado, sin camiseta y con tatuajes, pues sí. Pero eso fue la primera impresión, luego el hostal fue de lo mas "apañao".

Cuando nos registramos, dejamos las maletas porque todavía no podíamos entrar a la habitación porque estaba ocupada y nos fuimos a dar una vuelta por Oslo, fuimos a la oficina de turismo, pillamos un mapa y empezamos.


Hay que ver lo cambia Oslo de las 9:30 de la mañana, ni alma por la calle, a las 7 de la tarde que no cabe ni Dios. La verdad es que nos pateamos bien la ciudad, el primer día, fuimos a ver el Palacio, y de camino nos vimos las calles principales, la universidad de derecho, edificios chulisimos, parques con niños(estatuas) que todo el mundo puede ver (quien quiera que se de por aludida, jejeje). En el palacio vimos a los guardias y luego vino otro más a decirles no se que, o hacer el paripé, porque se ponía delante de los guardias y punto. Luego para volver al hostal volvimos rodeando, y fuimos al puerto, que bien se estaba, con el solecito, daban ganas de quedarse allí acostado y dormir un poco. Sentados en el puerto, vimos al otro lado una especie de fortaleza, y fuimos a verla. Tuvimos que andar muuucho ese día, porque luego por la tarde después de comer (la comida nos la compramos en el super y nos la hicimos nosotros en el hostal) nos fuimos a dar una vuelta por Oslo, pero esta vez de noche, y con mucha gente, fuimos a un super centro comercial, y Sesa se compró un trozo de tarta de queso, y entre todos compramos cartas y un mikado para entretenernos.


Lo que más agradecí ese día fue el poder dormir en una cama decente y super enormes, sobre todo la de Sesa y mía, que fuimos más rápidas y nos las pedimos antes. Me levanté como nueva y creo que el resto también.

Al día siguiente si que fue un palizón a andar. Primero fuimos a un parque que estaba relativamente lejos del hostal y en el que habían muchas estatuas, eso sí, todas en pelotas, pero lo que íbamos buscando nosotros, sobre todo Alex, era al famoso niño llorando (estatua) que sale en todas las postales y promociones que se hacen y venden. Mira que lo buscamos, y buscamos, y buscamos, pero no lo vimos. Nos recorrimos toooodo el parque, y allí no estaba, pero claro está que no nos íbamos a ir de allí sin verlo, verdad Alex!!! Y por fin, vimos la luz y resulta que el puñetero niño estaba en un puente que habíamos cruzado nada más llegar, y justo enfrente de esa estatua nos habíamos hecho una foto.


Después de eso, fuimos a buscar una iglesia vikinga, que estaba a las afueras y que nos costó llegar casi una hora y media, y resulta que cuando llegamos no la pudimos ver ( de cerca) así que le hicimos fotos desde fuera y chinpun. Después de descansar un poco, otra vez volvimos al hostal, por otro camino, y también tardamos otra hora y media, más o menos, cuando llegamos al hostal estábamos muertos de hambre, y por eso nos hicimos un capazo de pasta, pero cuando digo un capazo no exagero, hubo un momento en el que pensé que en mi vida iba a volver a comer de eso nunca más.


Después de reposar un poco-bastante la comida, a Andrés se le antojó un trozo de tarta de queso como la que Sesa se había comido el día de antes, así que hasta que no consiguió sacarnos del hostal para ir a por un trozo donde fuese que estuviese abierto y tuvieran tarta no paró. Lo consiguió, encontramos en la estación de trenes un sitio donde habían diferentes tipos de tartas, y Sesa y él se compraron. Alex y yo nos fuimos al Mcdonalds, uno de los tantos, porque hay que decir que Oslo otra cosa no, pero Mcdonalds y Burgier King tienen. Y eso, nos compramos un Sundae y un Mcflurry. Y nos volvimos porque hacía un frío!!!

Y ya, estuvimos viendo el barrio por el que estábamos, hicimos fotos, grabamos vídeos y al día siguiente nos volvimos, y como no, para variar en esta ciudad, al igual que cuando nos bajamos del avión el primer día, estaba lloviendo, pero lloviendo.

Y eso es todo por ahora, ahora le toca a Alex escribir sobre su cumple, y después de eso una nueva teoría sobre lo que sucede en este país...

No os lo perdáis!!! jejeje

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