martes, 23 de octubre de 2007

Alex se va a Copenhague (y a Malmö un rato)

El viernes 19 nos fuimos a Copenhague a pasar el fin de semana junto con unos compañeros de Elsa. Alquilamos un coche y después de casi 5 horas llegamos a la ciudad. Por el camino vimos unos paisajes muy diferentes de los que estoy acostumbrado a ver en Noruega, pues eran campos muy planos, en donde predominaban los bosques, con las hojas naranjas, marrones, verdes, amarillas, típico del otoño. Gracias al viento de Stavanger, eso solo lo habré visto unos dos días, pues se han caído la mayor parte de las hojas.

La primera sorpresa fue el hotel. Era un edificio dividido en 2, una parte hotel y otra hostal y la frontera entre ambos quedaba bastante clara, pues para acceder a nuestra parte (hostal) teníamos que subir 4 escalones, y las puertas e incluso la moqueta era de otro color!. Imagino que será debido a que el propio hostal tenía por fuera otro aspecto, es decir, eran dos edificios diferentes que el hotel habrá adquirido para poder ofrecer ambas opciones bajo un mismo nombre.

El hotel estaba muy bien situado, aunque el barrio era un poco peliagudo...pero nunca temimos por nuestra integridad ¬¬, bueno, cuando digo barrio, digo calle, porque era pasar la calle del hotel y llegábamos a la calle principal y todo cambiaba. Llegamos de noche, por lo que nos llamó la atención la cantidad de carteles luminosos en los edificios, llegando a estar edificios completos llenos de ellos.

Cerca del hotel había un parque de atracciones llamado Tívoli que por suerte estaba decorado para Halloween, tanto por fuera como por dentro, con luces y calabazas, que lo hacían muy llamativo.

Esta primera noche cenamos en un conocido restaurante cuya marca no diré pero que todos sabéis cual es, pues se caracteriza por tener unos brownies insuperables...y dimos una vuelta andando viendo la ciudad (con frío, mucho frío), aunque durante poco tiempo, pues al día siguiente teníamos que levantarnos pronto.
A la mañana siguiente desayunamos (también había pienso para caballos, como en el hotel que estuvimos los primeros días en Stavanger, pero esta vez era un poco más comestible) y fuimos a la oficina de turismo para recoger un mapa, y mientras que los otros tres prefirieron coger un bus turístico que te llevaba a los puntos clave, Elsa y yo preferimos ir a los mismos sitios clave pero pateando. La verdad es que preferimos esta forma de hacer turismo, pues de ese modo parece que realmente andes y visites la ciudad, cosa contraria al bus turístico. Aunque bueno, es una simple opinión.





Andamos cosa mala, pero tuvimos la suerte de llegar a tiempo para subir a lo alto e una iglesia y poder ver la ciudad desde arriba, cosa que también nos sirvió para planificar nuestro siguiente movimiento por la ciudad. Lo último que vimos fue la tan famosa Sirenita, pero bueno...que después de haber visto el resto de ciudad, las expectativas no se cumplieron.

Esa misma tarde fuimos al parque de atracciones y por dentro estaba decorado todavía aun mejor. Calabazas, luces naranjas, hasta el más mínimo detalle estaba controlado. En su interior había un lago, edificios y motivos japoneses, un edificio árabe (actualmente en reconstrucción) y muchos sitios para comer (demasiados, diría yo) e incluso una joyería y un salón con máquinas tragaperras. Que levante la mano quién no ha pensado nunca ir a esos dos sitios cuando se va a un parque de atracciones!. Elsa y yo nos subimos a la montaña rusa y la pobre acabó con una cara de susto como diciendo: Dios, estoy viva. Después de eso, nos fuimos a un bar/pub para terminar la noche.



A la mañana siguiente nos levantamos pronto para volver a Linköping y nos encontramos con una bonita multa por dejar el coche mal aparcado (que en realidad no lo estaba) que nos habían puesto un domingo a las 9 de la mañana!!!! Cogimos el coche otra vez y llegamos a Malmö, la primera ciudad sueca después de pasar por un puente que une ambas ciudades, el cual tiene una longitud de 12 km, 8 al aire libre y 4 por un túnel por debajo del agua.




La ciudad me sorprendió más de lo que me esperaba, pues pensaba que era una ciudad normalucha, en la que sólo estaba el edificio más alto de los países nórdicos (que tampoco es nada despreciable) creado por el arquitecto Calatraba. Pero no, tenía sus grandes edificios, sus plazas y sus parques, aunque por falta de tiempo vimos muy poco, lo justo.



Llegamos a Linköping a las 20:30, justo a tiempo para poder comer en la Fika que hacen cada domingo en el living de Elsa. La Fika consiste en que cada domingo, uno cocina dulces para el resto y comimos como una torta boba con coco por encima y algo más que no se lo que es pero que descubriré, pues es una receta que tengo que conseguir por el bien del equipo repostero!

1 comentario:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.