Hola, somos nosotros otra vez. Sí, lo sabemos, deberíamos escribir más asiduamente, pero es que para escribir esto nos tiramos casi una hora, y claro, la inspiración no viene cuando más se la necesita.
De todas formas, vamos a resumir lo que ha pasado desde el domingo pasado, que es donde nos quedamos en el anterior post. Hay que avisar que es muuuuuuy largo, así que, avisado quedas, y quien avisa, es avisador.
El domingo cogimos un autobús pagado por la universidad con el que iríamos a la playa y a dar una vuelta por la región de Stavanger. Llegamos a la playa, no sin antes dar una vuelta de 30 minutos porque el autobusero quería enseñarnos un mísero molino de viento (como lo eólicos que hay yendo para Albacete, pero bastante más pequeño...) del que estaban muy orgullosos. Supuestamente íbamos a poder bañarnos y eso, pero claro, teníamos que comer y hacer fotos y sólo nos dejaron 20 míseros minutos!!!! Nos hicimos fotos, Alex metió los pies (bueno, las piernas, por culpa de las malditas olas...), nos comimos los bocadillos de noget (nocilla, pa entendernos) y fuimos en busca de una catarata que parecía que estaba en donde acaba el mundo.
De camino hacia ésta, paramos en una gasolinera para poder volver a comer y descansar un poco. Y cual fue nuestra sorpresa que la gasolinera estaba al lado de un pedazo lago que tiraba patrás. Eso es un poco raro, porque como se escape un poco de gasolina, pues nada...a despedirse del lago. Pero bueno, es Noruega, seguro que tienen un sistema inventado (caro, por supuesto) para arreglarlo.
Media hora de camino después nuestro autobús de dos plantas empezó a hacer unos ruidos muy raros mientras íbamos subiendo por una montaña. Tan raros que tuvo que parar en un sitio y nunca más arrancó. Sólo tiraba un humo negro y casi mortal del olor que hacía por el tubo de escape. Tuvimos suerte de que paró en un paraje muy curioso formado por piedras desprendidas de las montañas, que ahora que lo pensamos, con la suerte que tenemos, que raro que no se desprendiera ninguna más!!!!.

Seguimos haciendo fotos mientras esperamos durante una hora y treinta minutos hasta que vino un autobús pequeño, por lo que varios tuvieron que ir de pie hasta la maldita cascada. A nosotros ya nos daba igual si caía agua, si era bonita o fea. Queríamos llegar a casa, porque hacía mucho frío. El caso es que media hora después...llegamos a la cascada. Bueno, llegamos al pie de la montaña donde estaba la cascada. Por que es que encima, tuvimos que subir una cuesta de piedras de un 60% de inclinación (sin exagerar) y luego casi escalar agarrándote a cadenas y subir unos mini peldaños de madera que parecía que los músculos de las piernas iban a explotar en cualquier momento.
Moraleja 7: Hay que sopesar las posibilidades antes de subir una montaña con una galleta en la boca, pues puedes llegar a la cima sin aire y con parte de la galleta en la garganta.
Después de 20 minutos de escalada extrema, llegamos con vida, creo, a la tan preciada cascada. La verdad es que era alta, sí, pero bueno...nuestra vida no es mejor desde que la vimos... El caso es que a los 10 minutos tuvimos que empezar a bajar corriendo para coger sitio en el autobús y no tener que ir de pie hasta casa. Sobra decir que el ambiente del autobús estaba bastante 'cargado'. Y chimpún.
Al día siguiente, lunes, nos sacamos un billete semanal del autobús, para aprovechar el tiempo e ir a ver mundo. Decidimos ir en busca del Ikea, el Lidl y Euronics, un sitio para que Alex mirara una mega oferta de un ordenador. Todas esas tiendas estaban en una avenida larga, y ese día conseguimos ver donde estaba el Lidl y el Euronics, pero ni rastro del Ikea. Tal fue nuestra desesperación por encontrarlo (nos habían dicho que también estaba en esta avenida) que llegamos a una ciudad que esta a 20 km de Stavanger!!!! Todo por culpa del maldito Ikea. El caso es que visitamos Sadness y encontramos una tienda de comida china, en donde, como siempre ocurre en este país, nos engañaron con los precios!.
En el camino de vuelta, volvimos a ver el Lidl y el Euronics, pero no el Ikea, por lo que decidimos que lo mejor sería volver al día siguiente acompañados de Janine, nuestra amiga alemana (la que conocimos el primer día).
El martes, por fin encontramos el Ikea. Compramos sartenes, ollas y cazos por 15 euros, y comimos dos perritos calientes y un mega helado tipo como el cono del Mcdonals pero el doble de grande e infinitamente más bueno por sólo 2,5 euros. Lo más barato de este país, así que seguramente volveremos al Ikea. A comer.
A la vuelta para casa, paramos en el Euronics para ver la oferta del ordenador, pero claro, era un engaño. Es cierto que valía 375 euros....pero contratando un adsl para no se que y no se cuantos. Pero lo mejor fue que el vendedor nos atendió comiendo un sandwich de hierba y se le cayó un trozo del mismo mientras nos explicaba las cosas. Sí, suena desagradable, pero peor fue vivirlo en directo.
Salimos de allí y fuimos al Lidl y nos dijeron que era el más barato, pero como siempre, MENTIRA.
El miércoles, fuimos al centro a comprar postales, y a coger folletos. A este paso, podremos montar nuestra propia oficina de turismo de la cantidad de folletos que tenemos. Dimos una vuelta a la ciudad y decidimos probar el Burgen King. En que mala hora, porque entre que la tía que atendía estaba un poco empaná y que el pollo estaba recubierto de krispis...fue una mala experiencia. No sabemos por qué, pero en este país tienen una obsesión casi enfermiza con las pipas, krispis y demás cereales usados para pienso de caballo. Se lo echan a todo.
El jueves, por fin volvimos a la universidad. Fuimos sufriendo porque pensábamos que la coordinadora nos iba a decir que teníamos que hacer más asignaturas de la que en realidad queríamos hacer, pero no. De todas formas, no adelantemos acontecimientos.
Se trataba de una charla para presentarnos a los profesores, horarios, asignaturas, en donde habría comida (gratis). Llegamos a las 12, y claro, pues nosotros almorzamos a las 11:15. Nosotros (los españoles) nos sentamos al lado de la comida ( no fue premeditado, la comida la trajeron después!) y a las 12:05 nos dijeron que cogiéramos algo de comida. Teníamos que bajar por turnos, y nosotros eramos los primeros. Nuestras caras fueron el espejo de nuestra alma: Que? comer? ahora? pero si acabo de almorzar? pollo? pasta?por qué, por qué, por quéééé?. Entonces unos a otros empezamos a empujarnos para ir a por la comida con frases tipo: eh, va, que nos están invitando, no hay que ser maleducados... Pero claro, la coordinadora nos vio las caras de: vale, estoy bajando obligado, no quiero comer, no me obligues por favor!!!! mientras que el resto de la clase estaba frotándose las manos deseando bajar. Pero quién come a las 12???? Al final, lo que pasó es que le dimos pena a la coordinadora y postpuso la comida una hora más.
Después de las presentaciones, en donde nos enteramos que tenemos un viaje para realizar deportes de aventura por los fiordos, fuimos a la oficina de la coordinador a que nos firmara los papeles para hacer sólo una asignatura. Esos momentos fueron eternos. La coordinadora miró el papel y preguntó: Ahm, solo una? y nosotros: ejem...si, es que solo necesitamos una. Después de esa frase, pasaron unos segundos interminables y nuestras caras eran de por favor, por favor, por favor. Al final, dijo, ahm, vale. Total que vamos a tener mucho tiempo libre para poder asistir a clases de noruego, inglés y francés.
Cuando la mujer se fue a fotocopiarse nuestros papeles, vimos en la mesa unos llaveros para llevar colgadas las llaves con el nombre de la universidad...y claro, pues queríamos uno. El problema estaba en como pedirlos. ¿Cuando venga nos ponemos todos a mirarlos para ver si se da por aludida? o ¿se lo pedimos directamente? Pues al final se lo pedimos indirectamente diciéndole: ¿donde se puede conseguir este llavero?, pero con cara de: dámelo, venga, va. Y nos fuimos de allí, con una asignatura, ahorrándonos el dinero de mandar a la universidad los papeles por fax (los mandó ella también) y con un llavero.
El viernes, es decir, ayer, fuimos a la universidad, porque teníamos que firmar para conseguir una maldita cuenta bancaria. Que esto también tiene truco. Porque tenemos que pagar por todo. Por sacar dinero, por traspasar dinero de otra cuenta a otra y lo que es lo mejor, hay que pagar una cantidad determinada por pagar la factura de la residencia!!!!! Pero eso quién se lo cree??
Además, pusimos nuestra segunda lavadora, y nuestra ropa todavía nos viene...
Y bueno, hay que felicitarte si has conseguido llegar hasta el final de todos estos párrafos. Es lo que tiene escribir semanalmente...
A ver si la semana que viene, escribimos un poco más a menudo, porque es mortal hacerlo de golpe.
Chinpún.
